Jurgen opina que las medidas adoptadas por el BCR (ver comentario) equivalen a un control de capitales y tendrán el efecto de revertir la apreciación del sol.
Lo curioso es que hasta el momento ningún banco (éstos suelen ser los principales enemigos de cualquier cosa que se parezca al control de capitales) ha opinado de forma clara al respecto. ¿Habrá pasado piola? ¿No le dan importancia? ¿No se han dado cuenta? Hasta ahora es un enigma.
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miércoles, 16 de abril de 2008
Volverán los odiados golondrinos
Con el perdón de Bécquer (y de los lectores), pero me la pusieron en bandeja:
.
Volverán los capitales golondrinos en el Perú sus activos a comprar
y otra vez especulando el tipo de cambio apreciarán
pero aquellos que a partir del 5 de mayo* ningún banco local recibirá
aquellos que Renzo Rossini* desprecia sin piedad
esos....¡no volverán!
.
Volverá Eduardo Farah* al MEF a criticar
y otra vez con su voz estrepitosa a Luis Carranza atacará
pero aquellos industriales que realmente quieren trabajar
aquellos que saben que aún con apreciación no dejan de ganar*
esos...¡ya no fregarán!
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*El 5 de mayo entra en vigencia la ultra radical medida adoptada por el BCR de aumentar el encaje marginal a 120% a las obligaciones en moneda nacional de entidades financieras no residentes. Es decir, por cada sol que una entidad financiera extranjera quiera depositar en un banco peruano, el banco local tiene que guardar S/1.20. ¿Así quién quiere recibir depósitos?
*En una entrevista al diario Gestión el 11 de abril Renzo Rossini, gerente general del BCR, dijo que los capitales de corto plazo "ya no son bienvenidos aquí...mejor que se vayan".
*¿Qué más quiere Eduardo Farah? En su draconiana propuesta de hoy sólo le faltó incluir el encarcelamiento de los inversionistas extranjeros de corto plazo. Parecería que su estrategia es pedir medidas extremas, para finalmente lograr respuestas moderadas.
*Un estudio del propio BCR concluye de manera impecable que la apreciación real del tipo de cambio no tiene mayores impactos sobre la rentabilidad y expansión del sector exportador no tradicional, salvo en el caso del textil, que por tener sus ventas altamente concentradas en EEUU sí está siendo afectado.
sábado, 29 de marzo de 2008
El dólar: nadie sabe qué pasará, pero todos opinan
Un lector que revisó un comentario anterior lanza una pregunta interesante: ¿se fortalecerá el dólar en el mediano plazo? Queda claro que en los próximos meses seguirá debilitándose, pero si la Reserva Federal comienza a subir las tasas de interés para combatir la inflación esta tendencia podría revertirse.
Luego de haber estudiado el tema a fondo y de haber invertido varias horas de reflexión, La Mano Invisible ha concluido que nadie tiene ni la más mínima idea de qué pasará con el dólar. Sin embargo, la ignorancia nunca ha sido un impedimento para que los economistas hagan proyecciones (mejor dicho, adivinanzas informadas).
Por eso lo mejor que se puede hacer es resumir algunos de los puntos de vistas más inteligentes que hay sobre el tema:
1. Steve Cecchetti (reconocido comentarista de la inflación en EEUU y recientemente nombrado economista principal del Bank for International Settlements): la inflación en EEUU tiene una clara tendencia al alza. Mes a mes son menos los rubros de la canasta familiar en los que los precios bajan, impulsados por la inflación importada. Eventualmente las expectativas inflacionarias también cambiarán y pronto se llegará al punto en el cual no habrá rubros importantes con precios declinantes que moderen la inflación (una excepción podrían ser las rentas, por la situación del mercado inmobiliario). Sin embargo, por la gravedad de la recesión en EEUU la FED seguirá reduciendo la tasa de interés al menos hasta comienzos del 2009, cuando podrá volver a su tarea de combatir la inflación, para lo que comenzará a subir las tasas. Por lo tanto, en el 2009 la devaluación del dólar se revertiría cuando las mayores tasas atraigan capital extranjero.
2. Frederick Mishkin (quizá el mejor experto del mundo en economía financiera y monetaria y actualmente Gobernador de la FED): las expectativas inflacionarias están bien ancladas, por lo que tomará tiempo que la inflación importada comience a alterarlas. Por esa razón, la reducción agresiva de tasas difícilmente tendrá un efecto adverso sobre la inflación. Adicionalmente, gracias al sólido anclaje de las expectativas inflacionarias, la devaluación del dólar tampoco empujaría la inflación (actualmente se calcula que una devaluación de 10% del dólar se traslada en un aumento del precio de las importaciones de sólo 2%). Por esa razón, la FED mantendría su política de tasas bajas hasta que la economía responda a la medicina que le está inyectando, y no reaccionaría con incrementos modestos de la inflación. Ergo, el dólar seguirá a la baja en el mediano plazo.
3. Kenneth Rogoff (profesor de Harvard y ex economista principal del FMI): la recesión en EEUU podría durar alrededor de dos años (en línea con el promedio de recesiones originadas en el sector financiero en países desarrollados), y durante ese período el dólar seguirá devaluándose. A la FED le conviene que la devaluación del dólar estimule el sector exportador y así contribuya a revivir la economía, mientras que el bajón económico aseguraría que la inflación no salga fuera de control. El dólar podría devaluarse hasta un 20% más en los próximos dos años.
Finalmente, un cachetadón: en el 2004 casi todos los economistas respetables aseguraban que el dólar caería en picada para corregir el déficit de cuenta corriente en EEUU. Pasaron el 2005 y el 2006 y el billetito con la cara de Washington casi ni pestañeó con relación a las principales monedas. Igual se las ingeniaron para tener una explicación sólida de por qué no se cumplieron sus pronósticos, pero la pregunta es si ahora les creemos a los adivinos. Si La Mano Invisible tuviese que apostar (felizmente no tiene) lo haría por la devaluación en el mediano plazo, pero cruzando todos los dedos invisibles.
Luego de haber estudiado el tema a fondo y de haber invertido varias horas de reflexión, La Mano Invisible ha concluido que nadie tiene ni la más mínima idea de qué pasará con el dólar. Sin embargo, la ignorancia nunca ha sido un impedimento para que los economistas hagan proyecciones (mejor dicho, adivinanzas informadas).
Por eso lo mejor que se puede hacer es resumir algunos de los puntos de vistas más inteligentes que hay sobre el tema:
1. Steve Cecchetti (reconocido comentarista de la inflación en EEUU y recientemente nombrado economista principal del Bank for International Settlements): la inflación en EEUU tiene una clara tendencia al alza. Mes a mes son menos los rubros de la canasta familiar en los que los precios bajan, impulsados por la inflación importada. Eventualmente las expectativas inflacionarias también cambiarán y pronto se llegará al punto en el cual no habrá rubros importantes con precios declinantes que moderen la inflación (una excepción podrían ser las rentas, por la situación del mercado inmobiliario). Sin embargo, por la gravedad de la recesión en EEUU la FED seguirá reduciendo la tasa de interés al menos hasta comienzos del 2009, cuando podrá volver a su tarea de combatir la inflación, para lo que comenzará a subir las tasas. Por lo tanto, en el 2009 la devaluación del dólar se revertiría cuando las mayores tasas atraigan capital extranjero.
2. Frederick Mishkin (quizá el mejor experto del mundo en economía financiera y monetaria y actualmente Gobernador de la FED): las expectativas inflacionarias están bien ancladas, por lo que tomará tiempo que la inflación importada comience a alterarlas. Por esa razón, la reducción agresiva de tasas difícilmente tendrá un efecto adverso sobre la inflación. Adicionalmente, gracias al sólido anclaje de las expectativas inflacionarias, la devaluación del dólar tampoco empujaría la inflación (actualmente se calcula que una devaluación de 10% del dólar se traslada en un aumento del precio de las importaciones de sólo 2%). Por esa razón, la FED mantendría su política de tasas bajas hasta que la economía responda a la medicina que le está inyectando, y no reaccionaría con incrementos modestos de la inflación. Ergo, el dólar seguirá a la baja en el mediano plazo.
3. Kenneth Rogoff (profesor de Harvard y ex economista principal del FMI): la recesión en EEUU podría durar alrededor de dos años (en línea con el promedio de recesiones originadas en el sector financiero en países desarrollados), y durante ese período el dólar seguirá devaluándose. A la FED le conviene que la devaluación del dólar estimule el sector exportador y así contribuya a revivir la economía, mientras que el bajón económico aseguraría que la inflación no salga fuera de control. El dólar podría devaluarse hasta un 20% más en los próximos dos años.
Finalmente, un cachetadón: en el 2004 casi todos los economistas respetables aseguraban que el dólar caería en picada para corregir el déficit de cuenta corriente en EEUU. Pasaron el 2005 y el 2006 y el billetito con la cara de Washington casi ni pestañeó con relación a las principales monedas. Igual se las ingeniaron para tener una explicación sólida de por qué no se cumplieron sus pronósticos, pero la pregunta es si ahora les creemos a los adivinos. Si La Mano Invisible tuviese que apostar (felizmente no tiene) lo haría por la devaluación en el mediano plazo, pero cruzando todos los dedos invisibles.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Los malabarismos de la política económica y el tipo de cambio
La política económica en una democracia es el resultado de la interacción de distintos grupos de interés e instituciones que presionan hacia direcciones opuestas. En el caso de la apreciación cambiaria, las presiones que determinan la respuesta política parecen provenir de varios grupos:
• Los exportadores (especialmente los de productos no tradicionales), que no paran de quejarse. Si bien como grupo electoral los exportadores no tienen mayor relevancia (al menos mientras no haya despidos, con lo que tendrían a los trabajadores a su lado), sí pueden hacer bulla, quitarle respaldo al gobierno en reformas que le interesan y hacer algo de presión a través de congresistas afines (la mayoría probablemente de Unidad Nacional).
• El aparato político del propio gobierno, que ve que la aprobación del presidente y del gobierno se reduce conforme aumentan los precios de los alimentos, y una forma de reducir el impacto de la inflación importada es permitir la apreciación cambiaria.
• El sector financiero, al que no le conviene la imposición de medidas que limiten el ingreso de capitales y que más bien sale perdiendo con el aumento del encaje.
• El Ministerio de Economía, que parecería tener una posición doctrinaria en contra de tomar medidas que alivien el dolor de los exportadores, y es probable que también prefiera no perder credibilidad con Wall Street (donde es un dogma el que los mercados financieros deben determinar el tipo de cambio), sobre todo cuando se siente cerca de obtener el grado de inversión.
• El Ministerio de la Producción, que hasta el momento parecería ser el único simpatizante de los exportadores dentro del Ejecutivo. El ministro actual además ha representado a lo largo de su trayectoria política los intereses del sector privado.
• El Banco Central de Reserva, que para defender su independencia no tiene mejor herramienta que el cumplimiento de la meta inflacionaria, y para eso también podría permitir un poco más de apreciación.
Por mera suma de fuerzas, el resultado de este malabarismo parecería ser la inacción. El gobierno mantendría su postura de ignorar a los exportadores y pedirles que diversifiquen mercados o encuentre mecanismos privados para resolver su problema (coberturas cambiarias, etc.). La pregunta es, ¿cuánto más tendría que caer el tipo de cambio para que el balance de fuerzas se altere?
• Los exportadores (especialmente los de productos no tradicionales), que no paran de quejarse. Si bien como grupo electoral los exportadores no tienen mayor relevancia (al menos mientras no haya despidos, con lo que tendrían a los trabajadores a su lado), sí pueden hacer bulla, quitarle respaldo al gobierno en reformas que le interesan y hacer algo de presión a través de congresistas afines (la mayoría probablemente de Unidad Nacional).
• El aparato político del propio gobierno, que ve que la aprobación del presidente y del gobierno se reduce conforme aumentan los precios de los alimentos, y una forma de reducir el impacto de la inflación importada es permitir la apreciación cambiaria.
• El sector financiero, al que no le conviene la imposición de medidas que limiten el ingreso de capitales y que más bien sale perdiendo con el aumento del encaje.
• El Ministerio de Economía, que parecería tener una posición doctrinaria en contra de tomar medidas que alivien el dolor de los exportadores, y es probable que también prefiera no perder credibilidad con Wall Street (donde es un dogma el que los mercados financieros deben determinar el tipo de cambio), sobre todo cuando se siente cerca de obtener el grado de inversión.
• El Ministerio de la Producción, que hasta el momento parecería ser el único simpatizante de los exportadores dentro del Ejecutivo. El ministro actual además ha representado a lo largo de su trayectoria política los intereses del sector privado.
• El Banco Central de Reserva, que para defender su independencia no tiene mejor herramienta que el cumplimiento de la meta inflacionaria, y para eso también podría permitir un poco más de apreciación.
Por mera suma de fuerzas, el resultado de este malabarismo parecería ser la inacción. El gobierno mantendría su postura de ignorar a los exportadores y pedirles que diversifiquen mercados o encuentre mecanismos privados para resolver su problema (coberturas cambiarias, etc.). La pregunta es, ¿cuánto más tendría que caer el tipo de cambio para que el balance de fuerzas se altere?
Etiquetas:
política económica,
tipo de cambio
El dólar seguirá depreciándose: guerra avisada no mata gente
Esa es la opinión de Martin Feldstein, uno de los economistas favoritos de La Mano Invisible (profesor de Harvard y uno de los principales expertos de Estados Unidos en política fiscal y monetaria). Si bien sus consejos están dirigidos a los países Europeos, son igualmente relevantes para los países latinoamericanos.
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