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jueves, 17 de abril de 2008

Suave con el arroz

En lo que va del año el precio internacional del arroz se ha más que duplicado por causa de sequías y otros problemas con los cultivos. Nuestras importanciones de arroz están creciendo, y si bien el precio local ha subido, aún le falta mucho para alcanzar el alza de la cotización internacional.

Si durante este año el precio del arroz al consumidor tuviese un alza desmesurada (digamos más de 50%) el gobierno podría estar en serios problemas. En Haití el Primer Ministro recientemente fue despedido por su incapacidad para responder a las protestas sociales originadas por el aumento del precio de los alimentos, especialmente del arroz. Claro, no somos Haití (que además importa la mayoría del arroz que consume), pero tampoco pensemos que estamos tan lejos.

sábado, 12 de abril de 2008

La inflación y la tentación populista

La inflación tiene muy preocupado al presidente Alan García y no es para menos, el aumento de los precios tiene un costo político alto para cualquiera (ver comentario anterior y encuesta de Ipsos-APOYO), pero uno especialmente alto si en un gobierno anterior le esfumaste el patrimonio a medio Perú por una pésima política económica que terminó en hiperinflación.
Pero la respuesta de García ante esa preocupación lo está conduciendo a un peligroso callejón sin salida. El presidente se empeña en prácticamente prometerle a la población que la inflación bajará en los próximos meses mientras que sigue reventando cohetes por la noticia del grado de inversión (para una muestra reciente ver nota de Correo).

El problema es que los pronósticos más serios señalan que los precios de los alimentos (hasta ahora el principal impulsor de la inflación) no bajarán en los próximos meses, y el grado de inversión, si bien es una excelente noticia, no llevará a que en el mediano plazo haya más plata en los bolsillos de las personas de niveles socioeconómicos bajos.
Con el tiempo esto puede restarle credibilidad al Presidente, aumentar el descontento, y eventualmente empujarlo hacia políticas demagógicas para mantener una base de respaldo popular. Si alguien no cree que el alza de los alimentos puede conducir a conflictos sociales serios, que se fije en lo que sucede en la Argentina, donde los agricultores pusieron al gobierno en jaque con un paro agrario de casi un mes.

Si las cosas se siguen poniendo feas, el Apra podría recurrir a alguna de las siguientes medidas del repertorio populista (ordenadas de mayor a menor, según su nivel de toxicidiad):

  • Control de los precios de los alimentos: se están usando en Venezuela y an algunos países africanos y asiáticos, es poco probable que el gobierno lo intente a menos que la situación política sea realmente explosiva. Crea mercados negros y en el mediano plazo empeora el problema al desincentivar la expansión de la oferta.
  • Control de precios "light": en México el gobierno orquestó (¿o forzó?) un acuerdo entre productores y comercializadores para atenuar las subidas del precio del máíz. Así como Del Castillo convenció a las mineras del aporte voluntario, podría intentarlo con productores y comercializadores de alimentos clave.
  • Ventas subsidiadas: el gobierno compra alimentos y los vende a precios subsidiados. Puede tener consecuencias similares a las del control de precios.
  • Reducción temporal del IGV a los alimentos: es poco eficiente y luego puede ser políticamente complicado subir el impuesto. Aún así sería más potable que las anteriores para el ministro de Economía y el sector corporativo.
  • Reducciones arancelarias: ya se hicieron las más evidentes, podrían venir más para otros productos de consumo diario.
  • Transferencias de efectivo: siempre y cuando estén bien enfocadas, serían la mejor opción. La duda es si el gobierno cuenta con la capacidad institucional para hacerlo bien y sin correr el riesgo de que el proceso esté plagado de escándalos de corrupción.

miércoles, 26 de marzo de 2008

¡Por fin una discusión práctica sobre las respuestas al aumento de precios!

El lunes el gobierno finalmente dio el primer paso hacia la búsqueda de mecanismos que permitan aliviar los efectos de la inflación sobre los más pobres, sin introducir distorsiones en los mercados (ver comentario anterior).
La Mano Invisible cree que el pelotón de economistas que comentaba al unísono que no hay un problema de inflación (ver artículo de Daniel Córdova hoy en El Comercio) conminando al gobierno a no introducir medidas populistas podía haber dedicado sus energías a orientar el debate hacia la búsqueda de paliativos para los segmentos más golpeados, para darle así salidas políticamente viables al gobierno.

Por ejemplo, Carlos Adrianzén hace algunas semanas comparó la situación del aumento de precios con la de un avión que pasa por una zona de turbulencia, donde lo único que el piloto puede hacer es pedir calma y paciencia (ergo, es lo único que el gobierno peruano debería hacer ante el aumento de los precios).
Esa analogía es equivocada porque la turbulencia, más allá del susto, no causa ningún perjuicio a los pasajeros (mientras que la inflación sí, sobre todo a los más pobres). La comparación correcta sería con un vuelo que por causas climáticas se retrasa y muchos de sus pasajeros pierden conexiones o reuniones importantes. Todos los que hayan pasado por esa situación saben muy bien que lo primero que hacen muchos pasajeros es pedir algún tipo de compensación a la aerolínea (¡incluso a pesar de que ésta no tiene la culpa!), y más aún, a veces las aerolíneas otorgan compensaciones –dependiendo de la gravedad del daño.
En fin, ahora toca aportar ideas para mejorar la propuesta de compensaciones del gobierno.

domingo, 23 de marzo de 2008

El gobierno y la inflación: entre la política y el mercado

El que uno sea invisible no quiere decir que sea ingenuo o sonzo. La Mano Invisible conoce bien la abundante evidencia histórica que señala que cualquier tipo de control de precios o medidas populistas que pretendan hacer creer que se está atacando las causas de la inflación terminan en realidad sembrando nuevos problemas que tarde o temprano le pasan la factura a la población (para un ejemplo reciente, ver un artículo publicado en el diario El Universal sobre lo que ocurre en Venezuela).

Sin embargo, eso no quita que reconozca que ningún gobierno democrático puede hacerse el "loco" cuando el precio de la canasta básica del segmento más pobre de la población podría haber aumentado hasta 7% en un año (ver cálculos de Morón y Salgado), y cuando alimentos como el pan y los huevos han subido en 19.2% y 33.1%, respectivamente (ver el reporte de inflación de enero del BCRP). Hay un montón de gente descontenta porque los alimentos que compra todos los días para alimentar a su familia aumentan a tasas altas mientras sus ingresos se mantienen estancados o aumentan a tasas mucho más bajas. Esta gente no se contenta con las explicaciones de economistas independientes y del gobierno sobre la inflación importada, más bien espera que el gobierno resuelva su problema.

Las lecciones de la economía política son claras: el gobierno enfrentará un costo político alto si la población más afectada por el alza de precios al menos no percibe que está haciendo algo al respecto (según la encuesta de febrero de Ipsos-APOYO Opinión y Mercado, la inflación es la principal causa de la desaprobación gubernamental). Por otro lado, el gobierno también enfrentará un costo político si la comunidad financiera internacional (léase bancos de inversión, agencias de calificación de riesgo, fondos de inversión, etc.) percibe que por causa de estas medidas se aleja demasiado de la ortodoxia económica, y más bien cae en el populismo (sobre todo porque queda claro que la agenda del gobierno tiene como meta el grado de inversión). Dado que las proyecciones más serias apuntan a que los alimentos seguirán subiendo, el gobierno tendrá que echar mano a su mejor repertorio de maniobras políticas para evitar que el mayor descontento de la población no reduzca significativamente su capacidad de gobierno. García sabe que con un radical como Humala al acecho, su gobierno no puede "toledizarse" (estabilidad económica e inestabilidad política).

Por eso, creo que mejor harían muchos de los economistas que opinan sobre el tema si en lugar de criticar tanto al gobierno, propusiesen salidas ingeniosas que le permitan evitar medidas populistas, y a la vez aliviar un poco el bolsillo de los segmentos más golpeados por el alza de los alimentos.